TORMENTAS


Acaba de finalizar el 2020.

El cimbronazo de su segunda mitad aún resuena en los ecos de éstos primeros días.

Ser un artista y ser un empresario del arte no es un camino de rosas. Sobre todo cuando uno no vive aún de su arte. Ésta es una confesión a tener en cuenta: hacer arte es un trabajo duro y muchas veces ingrato. El "amor al arte" es realmente un amor muy grande; uno- muchas veces- lo hace por nada.

Y cuando digo "por nada" no me refiero al dinero, necesariamente. Me refiero a que para llevarlo adelante necesita sacrificar muchas cosas: horas de sueño, tranquilidad económica y legal, horarios de recreación, el "hacer nada"( ¡como me cuesta lograr eso!) y también otras formas de creación más amables. Sin embargo, la pulsión por el hacer, la necesidad imperiosa de ver materializadas las ideas es tan urgente y tan necesaria que uno no se detiene.

Y ahí es cuando se desatan las tormentas.

Cada producto artístico( curso, espectáculo, serie, libro...) lleva un cúmulo de energías, carga física, temporal y económica tan grande que entrar en él es como meterse en una montaña rusa sin frenos. Al mismo tiempo, la vida "real"( como si esto no lo fuera) sigue corriendo impetuosa y exigente en plazos, pagos, cobros, liquidaciones, compromisos, exigencias. Y corre también en la tremenda dificultad de explicarle a todo el mundo lo que sucede dentro de uno.

"¿Por qué estás retrasado con esto?" "¿Por qué no se llega con aquello?" "¿Por qué se coló este error que trajo tantas derivaciones?" "¿Por qué?" "¿Cómo?" "¿No debía ser ( tal cosa) y ( tal otra) ?"

Y no siempre hay una respuesta fácil. Depende de muchas cosas. Pero...¿de que, fundamentalmente? De que otros, esos otros con los que uno comparte su vida, comprendan la necesidad de creación, la necesidad de construir una carrera y una identidad artística, La necesidad de ser no sólo un creativo sino un emprendedor. La necesidad de no conformarse con lo que se tiene sino de aspirar siempre a más.

La ambición suele estar mal vista.

Las cosas simples suelen estar sobrevaloradas.

Crear es un hecho simple: necesito decir algo y lo digo.

Construir la creación para otros es un hecho complejo: implica una cantidad gigante de trabajo comprometido en muchas realidades diferentes, tantas como personas son las involucradas.

Y resuenan las tormentas. Y entonces es el momento en que uno necesita respirar profundo, acallarlas, reconocerlas y caminar a través de ellas con paso sereno arropándose en su gabán para evitar que la lluvia lo sofoque y el miedo ante el viento lo derribe.

La ambición suele estar mal vista. Pero como todo prejuicio, no mira lo que hay por detrás. Y no suele ver que detrás de toda ambición ( o al menos, detrás de las mías) existe no sólo un ansia inmensa por crecer. Existe un ansia inmensa por ayudar a otros a alcanzar su vuelo.


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